Conocí a una mujer del ’34. En el ‘34. Ella en el ‘34 ya tenía veinte años. Yo soy del ‘89 y para el ‘34 ya tenía quince. En verdad es como si yo fuera del 2009 y sólo estuviera con ella en el ‘34. Hablamos, pero nos cuesta. Nuestros diálogos parecen obras de teatro: cada uno sabe cuando tiene que hablar, y si alguno falla se lleva una admonición (terrible cuática). Algunas veces comemos juntos, pero a mí no me gusta mucho, me siento incómodo inmerso entre tanta formalidad dirigida. Lo que si le gusta mucho es caminar, en el día en la noche en la cama en la ducha sobre el agua sobre las cartas debajo de las puertas en las puertas. Y yo la acompaño con un silencio sepulcral, porque le gusta caminar en el día en la noche en la cama en la ducha sobre el agua sobre las cartas debajo de las puertas en las puertas, pero sin hablar, óyeme bien: ¡sin ninguna palabra! También le agrada leer, pero tiene la mala costumbre de sacarle las hojas finales a los libros luego de terminarlos, sobre todo para que otras personas no puedan leerlos íntegramente y después que pasan los años y es ella quien quiere releerlos, les inventa un final, como en este caso, en este final de un libro que habla de finales, de finales sin principios, de principios perdidos, huachos, de huachos en una búsqueda desesperada, de desesperaciones con forma de oreja, como yo, porque si ustedes esperaban que les hablara de mí, lamento decepcionarlos, pero yo vine a hablar de ella, de la mujer del ‘34, de todo lo que me dijo mientras comíamos e intentábamos hablar, mientras caminaba y me decía cosas con la mirada y con el pie izquierdo, y es que llegué a conocerla tan bien que cuando murió y dejó el final del libro inconcluso, no pude más que continuarlo, aunque –y lo digo totalmente avergonzado- no lo leí entero y sólo traté de contar en tres cuartos de página cómo fue mi vida con ella durante el ‘34, es como si hubiese lanzado los recuerdos en una página en blanco con cola fría, con yogurt de frutilla, y así quedó.
martes, agosto 11
Fisgoneando las ollas antes del almuerzo
Conocí a una mujer del ’34. En el ‘34. Ella en el ‘34 ya tenía veinte años. Yo soy del ‘89 y para el ‘34 ya tenía quince. En verdad es como si yo fuera del 2009 y sólo estuviera con ella en el ‘34. Hablamos, pero nos cuesta. Nuestros diálogos parecen obras de teatro: cada uno sabe cuando tiene que hablar, y si alguno falla se lleva una admonición (terrible cuática). Algunas veces comemos juntos, pero a mí no me gusta mucho, me siento incómodo inmerso entre tanta formalidad dirigida. Lo que si le gusta mucho es caminar, en el día en la noche en la cama en la ducha sobre el agua sobre las cartas debajo de las puertas en las puertas. Y yo la acompaño con un silencio sepulcral, porque le gusta caminar en el día en la noche en la cama en la ducha sobre el agua sobre las cartas debajo de las puertas en las puertas, pero sin hablar, óyeme bien: ¡sin ninguna palabra! También le agrada leer, pero tiene la mala costumbre de sacarle las hojas finales a los libros luego de terminarlos, sobre todo para que otras personas no puedan leerlos íntegramente y después que pasan los años y es ella quien quiere releerlos, les inventa un final, como en este caso, en este final de un libro que habla de finales, de finales sin principios, de principios perdidos, huachos, de huachos en una búsqueda desesperada, de desesperaciones con forma de oreja, como yo, porque si ustedes esperaban que les hablara de mí, lamento decepcionarlos, pero yo vine a hablar de ella, de la mujer del ‘34, de todo lo que me dijo mientras comíamos e intentábamos hablar, mientras caminaba y me decía cosas con la mirada y con el pie izquierdo, y es que llegué a conocerla tan bien que cuando murió y dejó el final del libro inconcluso, no pude más que continuarlo, aunque –y lo digo totalmente avergonzado- no lo leí entero y sólo traté de contar en tres cuartos de página cómo fue mi vida con ella durante el ‘34, es como si hubiese lanzado los recuerdos en una página en blanco con cola fría, con yogurt de frutilla, y así quedó.
miércoles, junio 24
Para qué te voy a decir que nos entumimos todo el día
.
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Ergo opus non est vitam quoque mihi eripere
(Por tanto no es necesario que también la vida me arrebates)
(No es necesario que también la vida me arrebates)
(Que la vida me arrebates)
(Que la vida me arrebates)
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Ergo opus non est vitam quoque mihi eripere
(Por tanto no es necesario que también la vida me arrebates)
(No es necesario que también la vida me arrebates)
(Que la vida me arrebates)
(Que la vida me arrebates)
martes, mayo 19
Ya,
pasa que me han reempujado
al pasillo de la no-proximidad,
del no-saludo;
quiero decir
que no comparto
eso de la sobrevaloración de vivir así,
mucho, hasta qué,
hasta que nos volvamos papel en blanco,
comida de gorriones hambrientos,
sedientos
no es que me moleste
el dentrar a los
estados bacanes
y jugar a pillar c
al pasillo de la no-proximidad,
del no-saludo;
quiero decir
que no comparto
eso de la sobrevaloración de vivir así,
mucho, hasta qué,
hasta que nos volvamos papel en blanco,
comida de gorriones hambrientos,
sedientos
no es que me moleste
el dentrar a los
estados bacanes
y jugar a pillar c
con un sable en la mano,
pero es que últimamente me cansa correr,
y mover los brazos para no morir en letargo,
en vueltas de carnero so!bre superficies de lana.
respirar, sí, necesse est si pater cum matre veniunt.
pero es que últimamente me cansa correr,
y mover los brazos para no morir en letargo,
en vueltas de carnero so!bre superficies de lana.
respirar, sí, necesse est si pater cum matre veniunt.
lunes, abril 6
,morir en tus ojos prefiero
Si cada noche
durmiese con la cortina abierta, vería una estrella a lo lejos
durmiese con la cortina abierta, vería una estrella a lo lejos
y una antena asomándose avergonzada.
Si cada noche dibujara más mis ojos,
esa estrella y esa antena conformarían
la conurbación del entendimiento,
el cáncer de ramificación placentera abriéndose paso por entre los surcos de nuestras cortezas:
el ciclo de mis días en tus noches embriagadas
con las bocinas de los autos que menstrúan llanto.
Si cada noche una nube o un dedo pulgar le mutilara
esa estrella a esa antena,
los ecos en mi cabeza dirían basta y se perderían en el exilio infinito
de mis sábanas rígidas
de las noches de cortinas cerradas.
Y de ojos cerrados.
miércoles, abril 1
Los árboles

Buscar asilo en cunetas disfrazadas
para sentarse a bailar sin perder el paso,
dejar caer las nucas calvas
como cae el suelo sobre los pies.
Acoplar las mentes a las murallas,
ser la extensión del cemento violado,
del adobe que se ha vuelto una coma
del adobe que se ha vuelto una coma
en el discurso de la desmemoria
, y dormir así, y cantar así.
Aquí dormiremos, aquí cantaremos,
como fetos todos
en eterna gestación.
domingo, marzo 22
lunes, marzo 16
La história díce más o mènos asì
Nada se puede hacer
si se tienen los pies
sobre el motor (encendido)
Acerca del motor encendido,
que es lo mismo que
esperar un bus
que no existe
en un paradero
que ya no es paradero:
leer letras muertas
y caminar tratando
de hacer coincidir
los pies
con las huellas del día anterior,
y de la mañana y de mañana,
matí y demà
Arrojar mierda
como quien espolvorea
de canela los labios pe-tri-fi-ca-dos
de los huéspedes,
actantes de un silencio marchitado,
cagado de abejas.
Vo' no te andai con chicas.
si se tienen los pies
sobre el motor (encendido)
Acerca del motor encendido,
que es lo mismo que
esperar un bus
que no existe
en un paradero
que ya no es paradero:
leer letras muertas
y caminar tratando
de hacer coincidir
los pies
con las huellas del día anterior,
y de la mañana y de mañana,
matí y demà
Arrojar mierda
como quien espolvorea
de canela los labios pe-tri-fi-ca-dos
de los huéspedes,
actantes de un silencio marchitado,
cagado de abejas.
Vo' no te andai con chicas.
domingo, febrero 15
Trigo
Cómo hacer coincidir en una misma mano a todos los caracoles que se arrastraron por alcanzar los laboratorios estadounidenses. No, eso no, el movimiento no. La necesidad, la dependencia y la mímesis inexorables en los apuntes de los otros; ellos, los de siempre.
Qué importa que muchas veces nos tornemos volubles, si de lo contrario el pensamiento vendrá en un jet a golpearnos con el guión tricolor más triste... y el viento tirita e insiste en la conmoción cerebral provocada por la explosión del último dolor.
Note las influencias.
miércoles, enero 28
Placenta
Deja que me vaya por siempre con el viento,
deja que me espante el soplo en la canción
Camila Moreno - Cae y calla
Hay pasos
que nos conducen
a escenarios impensados
a espacios sin espacio
para lo común,
lo predecible
Y hay pasos de baile
(los que, como el lector
bien supondrá
(y como bien supone,
la pena no vale definir,
por lo tanto este paréntesis
odioso-referencial
(no el paréntesis en sí,
en tanto posibilidad
en el teclado
o marca pa'l
mensajito'e texto,
sino lo que él contiene,
en cuanto rayita
que emula
una mano,
que unida a otra,
reza un Padre Nuestro)
queda hasta aquí
(más bien, hasta después
del "aquí",
del primer "aquí",
no de éste
(ese de allí
que es el tercero
y ese de allá
que es el segundo)))
Hablaba yo
de dos tipos
de pasos,
pero no crea Ud.
-en un acceso hermenéutico
postyoutubiano-
que mi intención primera
es hablar de los pasos.
¡Error!
Io sólo benía a
fablar de lo ermoso
ques el día
quando
c abren las cortinas
i las bentanas
para que entre
el grito del mundo,
el viento que se abuelto
brazo
enestas 4 paredes
/s/ir/k/ulares.
jueves, enero 1
Ropa tendida
.
.
.
.
.
.
.
Debe ser porque no he rezado
¡Ay! padre
¡Ay! hijo
¡Ay! ¿espíritu santo?
ahora escribiría como Huidobro:
que el verso sea como un dildo
que te abra las piernas mala mujer,
que sufras la ausencia de carne
y que de tu abismo sempiterno emerja un veneno mortal.
Ave ces
1
C
adormece tanto Dios mío
y nada sabe
Av. eces
1
C
adormece TANto
Dios ni tan mío
y to dose acaba.
.
.
.
.
.
.
Debe ser porque no he rezado
debe ser porque no he rezado
que me he ido nublando
de extremo
a extremo y
súbitamente he caído.
Si tan sólo hubiese bailado el persignatio dancehall, moviendo mecánicamente mi mano¡Ay! padre
¡Ay! hijo
¡Ay! ¿espíritu santo?
ahora escribiría como Huidobro:
que el verso sea como un dildo
que te abra las piernas mala mujer,
que sufras la ausencia de carne
y que de tu abismo sempiterno emerja un veneno mortal.
Ave ces
1
C
adormece tanto Dios mío
y nada sabe
Av. eces
1
C
adormece TANto
Dios ni tan mío
y to dose acaba.
domingo, diciembre 28
,
"Pero los meses vuelan como vuelan los días, como vuelan
en un vuelo sin fin las tempestades,
pues nadie sabe nada, y es confuso
todo lo que elegimos hasta que nos quedamos
solos, definitivos, completamente solos.
(....)
Quédate ahí. Tal vez te conviertas en aire
o en luz, pero te digo que subirás con éste y no con otro:
con éste que ahora te habla de vivir para siempre
tú subirás al sol, tú volverás
con él y no con otro, una tarde de junio,
cada trescientos años, a la orilla del mar,
eterna, eternamente con él y no con otro."
G.R., La Loba.
en un vuelo sin fin las tempestades,
pues nadie sabe nada, y es confuso
todo lo que elegimos hasta que nos quedamos
solos, definitivos, completamente solos.
(....)
Quédate ahí. Tal vez te conviertas en aire
o en luz, pero te digo que subirás con éste y no con otro:
con éste que ahora te habla de vivir para siempre
tú subirás al sol, tú volverás
con él y no con otro, una tarde de junio,
cada trescientos años, a la orilla del mar,
eterna, eternamente con él y no con otro."
G.R., La Loba.
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